La continuación de arriba...
“¿Sabes tú adónde está mi esposo, Sanil? Estoy muy nerviosa porque él no respondió a mis llamadas.”
“Sí, sí, no te preocupes. él paró en una florista para comprar un buqué de rosas para extrañarte. Va a llegar a casa pronto.”
“Ay, ¡qué romántico! Y yo pensé que él se había olvidado que hoy es un día especial. Adémas, dime de tu vida. ¿Cómo es vivir con las nubes?”
“Es muy buena. Las estrellas y yo somos mejores amigas y nos decimos el uno al otro todas las cosas que pasaron en nuestra vida. También porque resido en espacio exterior soy invitada a todas las fiestas de cumpleaños de los planetas. Soy muy popular.”
“¡Qué bueno! ¿Y cúal es tu relación con el sol?”
A oír este, la luna se ruborizó. “No se lo diga a nadie, pero él y yo estamos enamorados y queremos casarnos. Sin embargo, porque trabajamos en varias tiempos del día, no sabemos como podemos hacer una vida juntos. Pero en este momento, él es mi novio y estoy muy feliz con él.”
“¡Qué mono! ¡Te saludo buena suerte! La vida de casada es muy buena y con muchas felicidades. Si tú y él están casados, pueden controlar el circulo del día. Y, por favor, puedes decir al sol que trabaje menos…me gustaría dormir más.”
Al oír esto, la luna se rió mucho. Porque su risa era muy contagiosa, Anita comenzó a reírse también. Entre este conversación, ella olvidó su aprensión de Sanil y disfrutó. La luna y ella hablaron por una hora hasta que un carro parqueó en el camino de entrada de la casa de Anita y Sanil. Era Sanil con las flores.
Al ver este acontecimiento, la luna le dijo a Anita, “Lo siento, amiga, tengo que irme. Sanil regresó y no quiero molestar tu tiempo con él. Y por favor, no le digas sobre nuestro encuentro.”
“Sí, sí, vale.”
“Anita, luna mía, ¡te eché de menos mucho!” dijo Sanil al subir las escaleras del patio. “Las rosas para la bella de mi vida.” el anunció al presentar el buqué a su esposa.
“Ay, Sanil, no te necesitas preocupar con las flores. ¡Pero son muy bonitas! ¡Me gustan mucho!” Anita abrazó a Sanil.
Después de su reencuentro, Anita y Sanil rezaron y Sanil se rompió el ayuno de su esposa con su comida favorita. Finalmente, antes de regresar a casa con su esposo Sanil, mano a mano, Anita miró a la luna y le guiñó un ojo.
miércoles, 31 de diciembre de 2008
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